Tengo un abuelo: Margarito Medina Fierro. Tengo mil anécdotas sobre él. Entre otras, la de que es, en una concatenada sucesión de eventos, el responsable de que Fidel Herrera sea gobernador. Eso luego lo platicaré.
En este post voy a contarles sobre la suerte, buena y mala, que ha acompañado al viejo Márgaro.
Cada vez que tiene la oportunidad, mi abuelo compra boletos de lotería. Cuando desayunábamos en la Parroquia de Veracruz, era el único que le decía "sí, dame dos" a los boleteros acosadores. Cuando nos visitaba en Xalapa y mi mamá le decía "vamos a un mandado, ahorita volvemos", me daba diez pesos y me preguntaba en qué año había nacido, mes y día. Apuntaba mis respuestas y me decía: "juega estos números al Melate".
Una vez se ganó un premio grande. No sé cuánto, pero bastante, tal vez unos 150 mil pesos. Pagó las deudas que tenía (considerables, como muchos mexicanos que quieren, ustedes saben, comer, taparse, curarse, transportarse dignamente). Tomando en cuenta que llevaba cincuenta años comprando boletos de lotería y Melate semanalmente, es probable que a duras penas se le hiciera justicia con un reembolso retroactivo. El chiste es que le sobró una buena cantidad de dinero, ¿y qué creen que hizo con ella? ¿Viajar? ¿Invertir? ¿Ahorrar?
No. Él siempre tuvo claro que el dinero debe servir para vivir feliz. Y estaba en lo cierto, supongo. Por esa razón, mandó a construir una barda que rodeara todo su terreno. Un muro infranqueable, alto y sólido. "Es que ya me tiene chocado mi vecino, ya no quiero verle la cara", nos explicó.
Eso tiene más de diez años. Después de eso le vendrían dos embolias, dos inundaciones y la muerte de dos de sus hermanas. Él sigue ahí en su casa, envejeciendo. Me lo imagino sentado en su sillón, mirando su barda, orgulloso y tranquilo. Contento.
En este post voy a contarles sobre la suerte, buena y mala, que ha acompañado al viejo Márgaro.
Cada vez que tiene la oportunidad, mi abuelo compra boletos de lotería. Cuando desayunábamos en la Parroquia de Veracruz, era el único que le decía "sí, dame dos" a los boleteros acosadores. Cuando nos visitaba en Xalapa y mi mamá le decía "vamos a un mandado, ahorita volvemos", me daba diez pesos y me preguntaba en qué año había nacido, mes y día. Apuntaba mis respuestas y me decía: "juega estos números al Melate".
Una vez se ganó un premio grande. No sé cuánto, pero bastante, tal vez unos 150 mil pesos. Pagó las deudas que tenía (considerables, como muchos mexicanos que quieren, ustedes saben, comer, taparse, curarse, transportarse dignamente). Tomando en cuenta que llevaba cincuenta años comprando boletos de lotería y Melate semanalmente, es probable que a duras penas se le hiciera justicia con un reembolso retroactivo. El chiste es que le sobró una buena cantidad de dinero, ¿y qué creen que hizo con ella? ¿Viajar? ¿Invertir? ¿Ahorrar?
No. Él siempre tuvo claro que el dinero debe servir para vivir feliz. Y estaba en lo cierto, supongo. Por esa razón, mandó a construir una barda que rodeara todo su terreno. Un muro infranqueable, alto y sólido. "Es que ya me tiene chocado mi vecino, ya no quiero verle la cara", nos explicó.
Eso tiene más de diez años. Después de eso le vendrían dos embolias, dos inundaciones y la muerte de dos de sus hermanas. Él sigue ahí en su casa, envejeciendo. Me lo imagino sentado en su sillón, mirando su barda, orgulloso y tranquilo. Contento.






















