A Julio, cuando era niño, su papá le dijo que caminara erguido, que nunca agachara la cabeza, que mirara al horizonte, con la frente en alto. Julio creció orgulloso y digno. Muy digno, a pesar de que constantemente tropieza y se cae. Es que mira con la frente en alto, al horizonte, y nunca abajo, al camino.
martes, febrero 9
martes, febrero 2
Tlalpujahua, Michoacán
Fuimos a Tlalpujahua con Pablo porque queríamos ver a las mariposas monarcas. No pudimos verlas porque estaba lloviendo, pero aprovechamos para conocer Tlalpujahua y la presa Brockman.
Tlalpujahua es pueblo mágico. Está rodeado por cerros y sus calles empedradas suben y bajan. La lluvia corre en pequeños ríos junto a los pocos autos que hay. En la única foto que tomé del centro aparecen los cerros. También le tomé una foto al parque:
Y a la iglesia.
Cerca de ahí, tomando no sé qué carretera hacia no sé dónde, en el Estado de México, está la presa Brockman. Ahí hay patos nadando en el agua helada, unas cuantas casas que deben valer millones, un follaje de pinos enmarcando el paisaje y un pequeño muelle como el de Dawson's Creek.
So open up your morning light
and say a little pray for I.
and say a little pray for I.
Mientras caminábamos alrededor de la presa, de un minuto a otro bajó la niebla e inmediatamente después comenzó a granizar como si estuviera llegando el fin del mundo.
El fin del mundo, les digo.
De alguna forma sobrevivimos y regresamos, empapados pero contentos, a Tlalpujahua y luego al DF. Para no hacerles el post largo, les diré que Tlalpujahua está muy bonito y que les recomiendo visitarlo. Sus habitantes los recibirán atentos:
jueves, enero 14
Games
Estoy leyendo un libro en el que Steven Johnson intenta demostrar que la cultura pop de hoy nos está haciendo más listos y no al revés. El primer capítulo es una apología, desde la neurociencia, de los videojuegos. Antes entrarle al tema, Johnson dedica un par de párrafos al ejercicio de imaginación que voy a compartirles: ¿Qué pasaría si los niños hubieran jugado videojuegos desde siempre y de repente comenzaran a leer textos? ¿Qué dirían los padres y profesores, alarmados? Se los dejo aquí, perdonen la traducción casera.
No lo linchen, por favor. Dos renglones más abajo explicará que él no defiende esta postura y que el hecho de que haya presentado sus argumentos en forma de libro y no de juego es la mejor prueba. Sin embargo, este ejercicio sirve -funcionó conmigo- para que el lector le permita la entrada a una visión distinta del satanizado mundo moderno y a la información que ofrecerá más adelante.
Leer libros subestimula crónicamente los sentidos. A diferencia de la ampliamente asentada tradición de jugar videojuegos -la cual implica al niño en un mundo vívido y tridimensional, lleno de imágenes móviles y de sonidos musicales, que es navegado y controlado por movimientos musculares complejos-, los libros son, simplemente, estériles líneas de palabras en una página. Sólo una pequeña porción del cerebro, dedicada a procesar el lenguaje escrito, se activa durante la lectura, mientras que jugar videojuegos compromete al rango completo de córtex cerebral sensorial y motor.
Los libros son también trágicamente aislantes. Mientras que los juegos, durante años, comprometieron al menor en complejas relaciones sociales con sus pares, construyendo y explorando mundos conjuntamente, los libros fuerzan al niño a retenerse a sí mismo en un espacio callado, lejos de la interacción con otros niños. Estas nuevas "librerías" que han surgido en años recientes para facilitar las actividades de lectura son escenarios aterradores: docenas de niños, normalmente vivaces e interactivos, sentados solos en cubículos, leyendo, silenciosamente, ajenos a sus iguales.
Muchos niños disfrutan leer libros, por supuesto, y no hay duda de que algunos de los vuelos de su imaginación, transmitidos por la lectura, tienen sus méritos. Sin embargo, para un gran porcentaje de la población, los libros son discriminatorios. La moda de la lectura se mofa cruelmente de los 10 millones de niños estadounidenses que sufren de dislexia -una condición que ni siquiera existía antes de que los textos impresos vinieran a estigmatizar a los pacientes.
Pero quizás la propiedad más peligrosa de estos libros es el hecho de que siguen un camino lineal fijo. Uno no puede controlar su narrativa en ningún modo -simplemente se sienta y espera a que se le dicte la historia. Para aquellos que fuimos criados con narrativas interactivas, esta característica resulta asombrosa. ¿Por qué querría alguien embarcarse en una aventura totalmente diseñada por otra persona? Sin embargo, la generación actual lo hace millones de veces al día, arriesgándose a instalar una pasividad general en los niños, haciéndoles sentir impotentes para cambiar sus circunstancias. Leer no es un proceso activo y participativo, sino sumiso. Los lectores de la generación más joven están aprendiendo a "seguir la trama", en vez de a liderar.
No lo linchen, por favor. Dos renglones más abajo explicará que él no defiende esta postura y que el hecho de que haya presentado sus argumentos en forma de libro y no de juego es la mejor prueba. Sin embargo, este ejercicio sirve -funcionó conmigo- para que el lector le permita la entrada a una visión distinta del satanizado mundo moderno y a la información que ofrecerá más adelante.
viernes, diciembre 11
Mi sobrino Leonardo
Si a Leonardo Ventura le hubiera tocado nacer entre los sioux que documentó Erikson, no habría podido tomar calostro porque sus familiares lo habrían considerado un veneno. En vez de eso, al nacer, sus parientes habrían colocado las mejores hierbas y bayas en la vejiga de un búfalo y se lo habrían ofrecido como alimento.
Si le hubiera tocado nacer inuit -esquimal-, pasaría tres cuartas partes del día pegado a la espalda de su mamá, calientito, moviéndose de un lado a otro. Haría ahí, sobre la piel de su mamá, su caca, y ella sabría con exactitud en qué momento limpiarse. Tal vez luciría como el hijo de Nanook.

Pero no.
A Leonardo le tocó nacer entre nosotros. Le toca dormir en una cuna anaranjada, rodeado de peluches pachoncitos hechos en Taiwán. Le toca comer cada tres horas: leche materna, leche de polvito, papilla de manzana, chayote no, guácala. Le tocó ser hijo de dos mexicanos jóvenes, trabajadores, orgullosos del pequeño humano que trajeron al mundo.
Le tocó tener dos abuelas, una más gritona que la otra, ambas igual de enamoradas de él. Y dos abuelos, uno que le susurra Hello, little baby Leo y otro que lo bendice cariñosamente cada vez que lo ve. Los cuatro suspiran, conmovidos, ante cualquier indicio de sonrisa del bebé Leonardo.
Le tocó tener dos tíos maternos, adultos, varones, igual que a mí. Y, además de todo, le tocó tener una única tía, que soy yo. Una tía que le compra neuronas gigantes hechas de peluche y que no puede esperar para enseñarle a andar en bicicleta.

Leonardo es, por mucho, lo mejor que nos trajo este año a mí y a mi familia. Un pequeño primate sonriente, altricial, perfecto y precioso. Y yo lo adoro, ¿cómo la ven?

Si le hubiera tocado nacer inuit -esquimal-, pasaría tres cuartas partes del día pegado a la espalda de su mamá, calientito, moviéndose de un lado a otro. Haría ahí, sobre la piel de su mamá, su caca, y ella sabría con exactitud en qué momento limpiarse. Tal vez luciría como el hijo de Nanook.

Pero no.
A Leonardo le tocó nacer entre nosotros. Le toca dormir en una cuna anaranjada, rodeado de peluches pachoncitos hechos en Taiwán. Le toca comer cada tres horas: leche materna, leche de polvito, papilla de manzana, chayote no, guácala. Le tocó ser hijo de dos mexicanos jóvenes, trabajadores, orgullosos del pequeño humano que trajeron al mundo.
Le tocó tener dos abuelas, una más gritona que la otra, ambas igual de enamoradas de él. Y dos abuelos, uno que le susurra Hello, little baby Leo y otro que lo bendice cariñosamente cada vez que lo ve. Los cuatro suspiran, conmovidos, ante cualquier indicio de sonrisa del bebé Leonardo.
Le tocó tener dos tíos maternos, adultos, varones, igual que a mí. Y, además de todo, le tocó tener una única tía, que soy yo. Una tía que le compra neuronas gigantes hechas de peluche y que no puede esperar para enseñarle a andar en bicicleta.

Leonardo es, por mucho, lo mejor que nos trajo este año a mí y a mi familia. Un pequeño primate sonriente, altricial, perfecto y precioso. Y yo lo adoro, ¿cómo la ven?

lunes, diciembre 7
Tacos Don Felipe
¡Es un tablero de Scrabble!
Pero no es cualquier tablero, ¡está en portugés! Soy fan.
domingo, diciembre 6
Venía en la bici de regreso
Venía en la bici de regreso. Me metí en una callecita que entra por Universidad, junto de donde venden ricas galletitas, y va a dar a Xola. Era muy tarde. La obscuridad, sumada a mi sensación de pedalear, cansada, sudando, mochila al hombro y con casco, me hizo sentir en Xalapa un segundo. Porque sólo allá pedaleo, cansada, sudando, mochila al hombro y con casco, en plena obscuridad. De repente, se quedó callado todo. No pasaba un coche, ni en esa calle, ni en Universidad, ni, milagro, en Xola. Nada de ruido. Cero. Se oían la cadena de mi bici y mi respiración y nada más. Zigzagueé a media calle, y nada. Me detuve y vi para atrás. Volví a pedalear y comencé a imaginar que era Kevin Arnold regresando a casa. ¿Ya saben?, las banquetas amplias, los coches a los lados, la calle gris, el cielo alto y yo en bici. ¡Fum! ¡De pronto lo recordé! De repente supe por qué esa sensación me era familiar: ¡Me creí Kevin Arnold toda mi vida! En mi casa, en Xalapa, regresando de la escuela, yendo al cine, pedaleando con los ojos cerrados, siempre imaginé que una voz en off narraba mis pensamientos. Y ahora lo estaba sintiendo aquí, en México. Estaba tan cómoda como está un sábado un panzón en la sala de su casa, en pantuflas, rascándose las nalgas. Sentí que la calle era mía, que los árboles me conocían, que los vecinos me saludaban. Sentí que estaba en mi colonia, en mi casa. Es que ya vivo aquí, con Beto. Ésta, desde donde estoy escribiendo, es ya mi casa.
viernes, noviembre 13
La fortuna de mi abuelo
Tengo un abuelo: Margarito Medina Fierro. Tengo mil anécdotas sobre él. Entre otras, la de que es, en una concatenada sucesión de eventos, el responsable de que Fidel Herrera sea gobernador. Eso luego lo platicaré.
En este post voy a contarles sobre la suerte, buena y mala, que ha acompañado al viejo Márgaro.
Cada vez que tiene la oportunidad, mi abuelo compra boletos de lotería. Cuando desayunábamos en la Parroquia de Veracruz, era el único que le decía "sí, dame dos" a los boleteros acosadores. Cuando nos visitaba en Xalapa y mi mamá le decía "vamos a un mandado, ahorita volvemos", me daba diez pesos y me preguntaba en qué año había nacido, mes y día. Apuntaba mis respuestas y me decía: "juega estos números al Melate".
Una vez se ganó un premio grande. No sé cuánto, pero bastante, tal vez unos 150 mil pesos. Pagó las deudas que tenía (considerables, como muchos mexicanos que quieren, ustedes saben, comer, taparse, curarse, transportarse dignamente). Tomando en cuenta que llevaba cincuenta años comprando boletos de lotería y Melate semanalmente, es probable que a duras penas se le hiciera justicia con un reembolso retroactivo. El chiste es que le sobró una buena cantidad de dinero, ¿y qué creen que hizo con ella? ¿Viajar? ¿Invertir? ¿Ahorrar?
No. Él siempre tuvo claro que el dinero debe servir para vivir feliz. Y estaba en lo cierto, supongo. Por esa razón, mandó a construir una barda que rodeara todo su terreno. Un muro infranqueable, alto y sólido. "Es que ya me tiene chocado mi vecino, ya no quiero verle la cara", nos explicó.
Eso tiene más de diez años. Después de eso le vendrían dos embolias, dos inundaciones y la muerte de dos de sus hermanas. Él sigue ahí en su casa, envejeciendo. Me lo imagino sentado en su sillón, mirando su barda, orgulloso y tranquilo. Contento.
En este post voy a contarles sobre la suerte, buena y mala, que ha acompañado al viejo Márgaro.
Cada vez que tiene la oportunidad, mi abuelo compra boletos de lotería. Cuando desayunábamos en la Parroquia de Veracruz, era el único que le decía "sí, dame dos" a los boleteros acosadores. Cuando nos visitaba en Xalapa y mi mamá le decía "vamos a un mandado, ahorita volvemos", me daba diez pesos y me preguntaba en qué año había nacido, mes y día. Apuntaba mis respuestas y me decía: "juega estos números al Melate".
Una vez se ganó un premio grande. No sé cuánto, pero bastante, tal vez unos 150 mil pesos. Pagó las deudas que tenía (considerables, como muchos mexicanos que quieren, ustedes saben, comer, taparse, curarse, transportarse dignamente). Tomando en cuenta que llevaba cincuenta años comprando boletos de lotería y Melate semanalmente, es probable que a duras penas se le hiciera justicia con un reembolso retroactivo. El chiste es que le sobró una buena cantidad de dinero, ¿y qué creen que hizo con ella? ¿Viajar? ¿Invertir? ¿Ahorrar?
No. Él siempre tuvo claro que el dinero debe servir para vivir feliz. Y estaba en lo cierto, supongo. Por esa razón, mandó a construir una barda que rodeara todo su terreno. Un muro infranqueable, alto y sólido. "Es que ya me tiene chocado mi vecino, ya no quiero verle la cara", nos explicó.
Eso tiene más de diez años. Después de eso le vendrían dos embolias, dos inundaciones y la muerte de dos de sus hermanas. Él sigue ahí en su casa, envejeciendo. Me lo imagino sentado en su sillón, mirando su barda, orgulloso y tranquilo. Contento.
jueves, octubre 29
Algo que hago
Lunes. El maestro recomienda una película y encarga que leamos un libro. La película no está en torrents ni el libro está digitalizado. “Ir a Gandhi”. Martes. El maestro pide que leamos un libro. No aparece en el catálogo de Gandhi. Llamo al FCE, no lo tienen. “Ir a la biblioteca”. Cena en la casa. ¡Chin! Ya no hay lavatrastes. “Ir a comprar lavatrastes”. Hay que lavar ropa. ¡Hey! ¡No hemos ido a recoger la garantía de la lavadora! “Ir a la comer”. Miércoles. Voy en camino al asilo cuando mis audífonos se rompen. Ya en casa, intento imprimir. Replace Color Ink Cartridge. “Ir a la plaza de la computación”. Jueves. Mi mamá me mandó un correo. Hijita querida, cuando tengas tiempo, consígueme los siguientes libros... “Ir a Gandhi”. Como ya estaba en la lista, lo subrayo. Riego mis plantas. Me lleva, se acabó el abono. “Ir al Green Corner”.
Viernes. Voy a la biblioteca central. De regreso, me bajo en Quevedo. Gandhi. FCE. Miro mi lista: Palomita, palomita. Tomo un trole que me deja en la Comercial Mexicana. Palomita. Cruzo la acera, entro a The Green Corner. Palomita, palomita. Un micro me deja en División del Norte. Al bajar, por poco me atropella una moto. Consigo subirme a un trole. —¿No costaba dos? —Es que ahora es cero emisiones. ¿Y no era? Camino hasta llegar al fondo. Un predicador de la palabra divina nos regaña por no darle un peso. Herejes, van a ver cuando llegue el juicio final. Hago la parada y bajo. Está comenzando a llover. La churrería El Moro me resguarda. Me amarro bien los tenis y corro a la plaza de la computación. Qué se te ofrece, amiga, una USB, un monitor, amiga, en qué puedo servirte, amiga, qué andabas buscando, qué buscas, amiga, un mouse, una memoria, qué necesitas, amiga, qué buscas, amiga. Rellenan mi tinta, me venden un par de audífonos, me convencen de comprar unos cds. Palomita. Salgo y cruzo el eje. Sigue lloviendo, estoy empapada, tengo frío en los pies. Está oscureciendo. No he comido y tengo sed. Un ojete se acerca a un charco y me moja con agua puerca, intencionalmente. Ahí viene mi trole. Subo y, cuarenta minutos después, bajo. Me abro camino entre los comensales de una taquería portátil. Apesta a grasa saturada y cebolla quemada. Me pesa la mochila; el IMSS regañaría a mis papás si me viera. Tengo el verde peatonal, pero no puedo pasar. Ya tengo el verde otra vez. Llego a la puerta de mi edificio. Toco. Toco de nuevo. Quién sabe dónde andará el portero. Pongo mi mochila en el suelo; ya se enlodó todo. Saco la llave, subo, entro a mi departamento. Me reciben un gato cariñoso y una nota que dice ¡Ya es fin de semana! Vacío mi mochila y me quito los tenis. Respiro profundamente y sonrío.
Por eso dejo todo para los viernes. Para no sentir que el mundo se me acaba, sino que empieza.

Por eso dejo todo para los viernes. Para no sentir que el mundo se me acaba, sino que empieza.

miércoles, octubre 28
Sueños
No sé qué hacer con mis sueños. Todas las noches sueño y cada mañana, todas las mañanas de mi vida, los recuerdo con claridad. La mitad son pesadillas, pero no me cansan; por el contrario, me emocionan mucho porque casi siempre soy capaz de darme cuenta de que se trata de simples sueños e involucrarme en las historias por la buena.
Cuando era niña llevaba "diarios de sueños", que siempre abandonaba por floja. Hace un par de años comencé a escribirle mails matutinos a mi mamá, contándoselos. Sus respuestas siempre eran "Ya no cenes tanto, hijita", o "Vaya sueño mafufo" (con cariño, claro). Dejé de hacerlo (de nuevo, por floja) y perdí la costumbre.
Hasta la fecha, cada mañana le cuento mis sueños a Beto y eso me ayuda a recordarlos durante el día. Pero, con el tiempo, los dos los olvidamos. Por eso voy a escribir el sueño que tuve hace unos días, y también el que tuve hoy: para no olvidarlos.
Cuando era niña llevaba "diarios de sueños", que siempre abandonaba por floja. Hace un par de años comencé a escribirle mails matutinos a mi mamá, contándoselos. Sus respuestas siempre eran "Ya no cenes tanto, hijita", o "Vaya sueño mafufo" (con cariño, claro). Dejé de hacerlo (de nuevo, por floja) y perdí la costumbre.
Hasta la fecha, cada mañana le cuento mis sueños a Beto y eso me ayuda a recordarlos durante el día. Pero, con el tiempo, los dos los olvidamos. Por eso voy a escribir el sueño que tuve hace unos días, y también el que tuve hoy: para no olvidarlos.
Moneda
Voy flotando con los brazos abiertos, planeando, por un campo amplio y lleno de pasto. Alcanzo a ver casas pequeñas, graneros de lámina, construcciones dejadas a la mitad. Vuelo torpemente, caigo y vuelvo a subir; el viento controla mi vuelo. Me saco del bolsillo de la gabardina una moneda y la veo: su centro es un holograma. Al principio me asombro, pero inmediatamente recuerdo que las monedas son actualizadas automáticamente. Dependiendo de la situación del peso mexicano, el holograma marcará los digitos "10" u "8". Así, pienso, evitamos aglomeraciones y caos. Si la moneda se devalúa, el holograma lo indica y nada se puede hacer al respecto. Tu dinero vale mucho o poco y punto; no hay pierde. De repente, mi moneda cambia de color, se vuelve rojiza. Es porque recibí un SMS. Sí, en ella. Lo leo. No recuerdo qué dice, pero al terminar, muestra un mensaje publicitario y luego vuelve a ponerse un 10.
Amanecer
Vivo con Beto en un edificio del DF. Queremos ver el amanecer. Al subir a la azotea, alcanzo a ver el edificio de enfrente. Es igual al nuestro, con balcones, pero en él, cada balcón es una especie de dolmen horizontal envuelto por las raíces de los árboles que sostiene. Un árbol por dolmen, simulando los baobabs que crecían en el planeta del principito. De lejos, parece una pirámide de árboles. "Qué gran idea", pienso. Seguimos subiendo. Llegamos a la azotea y vemos la ciudad a nuestros pies. El DF, en mi sueño, es montañoso, como Lisboa, como Xalapa. Vivimos en la parte más alta de la ciudad, desde donde se alcanza a ver el mar. El DF, en mi sueño, claro, tiene mar. Sopla un viento muy fuerte, que mueve las aguas de las albercas de los vecinos que viven más abajo, en la misma calle que nosotros. Amanece. En un segundo, el azul del cielo y el del mar dejan de ser uno solo y adoptan cada uno su color particular. El cielo tiene unos tonos azules, grises y platas eléctricos, saturadísimos. Parecen pintados por un fanático del alto contraste, con pinceladas gruesas. El mar es de un azul tan cristalino y homogéneo como sólo deben verse, imagino, las playas de las islas del Pacífico. El agua de la alberca de mis vecinos es verdosa, intensa y limpia. Todos los tonos comenzaron en una misma mancha azul y se fueron separando conforme el sol fue saliendo. Beto me abraza y vemos a la ciudad despertar. Es increíble. Es la escena más bonita que he visto en mi vida y tal vez nunca pueda verla de nuevo.
domingo, octubre 25
Mi top 3 de canciones en supermercados
1. Radiohead - Fake Plastic Trees
2. Travis - Closer
3. Michael Bublé - Haven't met you yet.
2. Travis - Closer
3. Michael Bublé - Haven't met you yet.
miércoles, octubre 21
How Leonardo got his name
Les quiero compartir el cuento de cómo mi sobrino Leonardo obtuvo su nombre. Lo escribió su abuelo paterno y, como yo estoy orgullosa de los dos, pedí permiso para postearlo.
Está en inglés. Esto, porque, a pesar de haber vivido en México casi veinte años, el autor de repente dice frases como "La ciudad está muy populada hoy". Así que en inglés es mejor. Aquí les dejo:
Está en inglés. Esto, porque, a pesar de haber vivido en México casi veinte años, el autor de repente dice frases como "La ciudad está muy populada hoy". Así que en inglés es mejor. Aquí les dejo:
Once upon a time, there was born to two lovely parents a beautiful baby boy. Since he was brand new born, he didn’t have a name yet. And, of course, he couldn’t talk so he couldn’t tell his two lovely parents what name he wanted. His parents looked at him and thought, “What a beautiful baby boy! But what name should he have? He crawls around like a cat, Let’s call him Katherine!” The beautiful baby boy didn’t like that idea, so he decided to find a name for himself.
The next day, very early before his parents woke up, he looked around and saw a mat on the floor. He liked the mat and he thought, “I like this mat. I think I want to be called Matthew!” So he lay down next to the mat. When his two lovely parents came in and saw him lying next to the mat on the floor, they thought, “Look! He’s lying on the mat on the floor. Let’s call him Eli, because he’s lying down!”
The beautiful baby boy didn’t like that. So, the next day, very early in the morning before his parents woke up, he looked around and saw a coat rack on the wall. He liked the coat rack and thought, “I like this coat rack on the wall. I think I want to be called Wally!” So he placed himself next to the coat rack on the wall. When his parents came in and saw him, they thought, “Look! He’s next to the coat rack on the wall. Let’s call Jack, because he must like to be next to our jackets!”
The beautiful baby boy didn’t like that. So, the next day, very early in the morning before his parents woke up, he looked around when, suddenly, there was a loud rumble and the ground began to shake. Then, just as suddenly, a fierce wind began to blow and a large growling came in from the nearby ocean. The beautiful baby boy heard the rumble, felt the ground shaking and the wind blowing and heard the growling of the nearby ocean.
He knew that all these things meant danger, but he was not afraid. Instead, he knew he had to save his two lovely parents. So, he made a rumbling sound, then he kicked at the ground with his feet to make it shake and he waved his fists at the wind. Finally, he made the largest and deepest growling sound that any one tiny baby could make. His two lovely parents woke up and, seeing that there was danger, grabbed the beautiful baby boy and headed for to safety.
The next morning, the beautiful baby boy was thinking about his name again when his parents came in and thought, “He made a rumbling sound, pounded the ground and waved his fists at the wind. Finally, he made the largest and deepest growling sound that any one tiny baby could make. But most of all, he showed the courage of a lion. Let’s call him Leonardo!”
And the beautiful baby boy liked that name, “Leonardo.” It was, after all, much better than the one he had thought of for himself: Tsunami-boy.
Randall Ch. Kohl
miércoles, octubre 7
Tabucchi
Hace mucho tiempo fui a Lisboa y me enamoré de cada uno de sus detalles: de los azulejos que adornan sus calles y paredes, de los tranvías que crujen al subir y bajar los callejones, del castillo de San Jorge desde donde se contemplan la ciudad y el Tajo. Y del fado. No sabía entonces que me estaba perdiendo lo más importante.
Muchos años después leí Sostiene Pereira y me enamoré otra vez. Coloqué a Pereira en la Lisboa que yo recordaba y al fin sentí que el cuadro estaba completo. Pereira es uno de los personajes más entrañables que conozco: habla con su esposa muerta, defiende lo que cree justo, contradice las indicaciones de su médico endulzando obsesivamente su limonada. Es genial. Cuando Sostiene Pereira se hizo película, un anciano Marcello Mastroianni lo representó dignamente.
No he leído toda la obra de Tabucchi y tampoco he leído a todos los candidatos al Nobel. No soy quién para opinar. Eso no quita, sin embargo, que me pondré muy contenta si mañana, a medio día, alguien sostiene que el Nobel esta vez es para él.
Les dejo el primer párrafo de esta obra maestra:
No he leído toda la obra de Tabucchi y tampoco he leído a todos los candidatos al Nobel. No soy quién para opinar. Eso no quita, sin embargo, que me pondré muy contenta si mañana, a medio día, alguien sostiene que el Nobel esta vez es para él.
Les dejo el primer párrafo de esta obra maestra:
Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte.
jueves, octubre 1
El hombre de la cámara
Este blog se une a los festejos por los 100 años del surgimiento del futurismo.
Todos dicen que cuando Denis Abramovich Kaufman decidió autonombrarse Dziga Vertov, estaba seguramente haciéndole honor al futurismo italiano. Yo sigo sin saber qué significa. Feldman, en Documenting the Documentary, dice que una traducción burda podría ser "spinning top" o "spinning gipsy". Breschand, en El documental: la otra cara del cine, dice que Dziga es "trompo" y Vertov, "rodar, girar". ¿Alguno de ustedes, lectores, habla ucraniano?
De cualquier modo, es irrelevante. Lo que perdura es su obra maestra, El hombre de la cámara (1929), una de las películas más bonitas que se han hecho. Obedeciendo su manifiesto de "un cine sin intertítulos, sin actores, sin libreto, sin escenografía", Vertov vuelve extraordinario lo ordinario. Les dejo un fragmento de Breschand, pues yo no podría explicarlo mejor que él:
También les dejo links a la descarga directa y el inicio de la película para que vean de qué se trata. Aunque se han hecho varias musicalizaciones de ella, a mí me gusta la que hizo The Alloy Orchestra, con indicaciones que Vertov dejó escritas.
Links: Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho.
Si a usted le gusta el jazz, seguro también disfrutará la musicalización hecha por The Cinematic Orchestra: Uno y dos.
Todos dicen que cuando Denis Abramovich Kaufman decidió autonombrarse Dziga Vertov, estaba seguramente haciéndole honor al futurismo italiano. Yo sigo sin saber qué significa. Feldman, en Documenting the Documentary, dice que una traducción burda podría ser "spinning top" o "spinning gipsy". Breschand, en El documental: la otra cara del cine, dice que Dziga es "trompo" y Vertov, "rodar, girar". ¿Alguno de ustedes, lectores, habla ucraniano?
De cualquier modo, es irrelevante. Lo que perdura es su obra maestra, El hombre de la cámara (1929), una de las películas más bonitas que se han hecho. Obedeciendo su manifiesto de "un cine sin intertítulos, sin actores, sin libreto, sin escenografía", Vertov vuelve extraordinario lo ordinario. Les dejo un fragmento de Breschand, pues yo no podría explicarlo mejor que él:
El hombre de la cámara sigue un doble hilo: la progresión de una jornada en una gran ciudad y el proceso de elaboración de la película que estamos viendo. La fabricación del filme -rodaje, montaje, proyección- es inseparable de los movimientos anónimos de la ciudad, de las circulaciones de móviles y de desconocidos, de la producción industrial, de la disciplina de los cuerpos y de su erotismo, e incluso de la vigilia, del sueño y de la ilusión. Todo es una misma energía puesta a trabajar.
También les dejo links a la descarga directa y el inicio de la película para que vean de qué se trata. Aunque se han hecho varias musicalizaciones de ella, a mí me gusta la que hizo The Alloy Orchestra, con indicaciones que Vertov dejó escritas.
Links: Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho.
Si a usted le gusta el jazz, seguro también disfrutará la musicalización hecha por The Cinematic Orchestra: Uno y dos.
viernes, septiembre 25
Arete
Se me perdió un arete en algún lugar de la Narvarte. ¿Habrá salido ya de los límites de la delegación Benito Juárez? Donde sea. Si alguien lo ve por ahí, le encargo que me lo guarde. Gracias.
miércoles, septiembre 23
Frustración
Vi a una muchacha humillando a un mesero porque su sopa había llegado fría: "Pinche incompetente, por eso no sales de pobre". "Por eso estamos como estamos", le dijo a sus amigos. Quise acercarme a felicitarla por haber salido de pobre y a la vez preguntarle cómo lo había conseguido. No lo hice. Este tipo de escenas se repite a diario en todos lados, yo misma he estado involucrada en muchas. También me enoja cuando alguien no hace bien su trabajo, pero no creo que ésa sea la causa del hoyo en el que se encuentra hundido el país. Al contrario, creo que es una consecuencia.
Yo les propongo, amigos, que canalicemos nuestra ira hacia un mejor objetivo. Los meseros no tienen la culpa del enojo con el que todos vivimos. Están de malas, igual que uno. Se sienten frustrados ante la falta de oportunidades, como uno. Los microbuseros son groseros porque tienen que pagar cuotas absurdas; hay alguien detrás de ellos pasándoles lista y arruinándoles el día. Tienen hijos que no aprenden a leer porque están mal alimentados. Los taxistas se enojan cuando uno quiere pagar con un billete de 200 porque detenerse a cambiarlo es una pérdida de tiempo. Y, para ellos, el tiempo es dinero. Como para uno. Las secretarias no te miran a los ojos, ni te ofrecen la información de buena gana, porque su mente está en otro lado: en la amante que su marido se consiguió, en que no podrán divorciarse porque no tienen para pagar un abogado y en que todo les parece muy caro. Como a uno. La señora que da codazos en el metro tiene miedo de quedarse en el vagón sin poder salir. Teme llegar tarde a recoger a su nieto. Si se le pasa la hora, él lo esperará sentado en la banqueta, ¿y si alguien lo molesta?, ¿y si alguien le roba los 10 pesos que llevó para el lunch? A sus papás les cuesta mucho trabajo ganar el dinero. Como a uno. El cajero comete un error al cobrar porque está aprendiendo a usar la máquina. No sabe de cuentas, él estudió filosofía. No consiguió el trabajo que habría deseado. Como uno. El valet parking, desesperado, roba 3 pesos del tablero del coche que estacionó. Se disculpa con la virgen porque sabe que, dado ese paso, no hay remedio. Es que nunca terminará de pagar la deuda que contrajo por comprarse una tele. El vendedor de Elektra le dijo que era una ganga: le estaba mintiendo. Estaba cazando los centavos que le dan de comisión. Concretó y se puso feliz por ello. La sonrisa le duró veinte minutos, hasta que vio que llovía y que tendría que tomar taxi. No puede enfermarse porque no tiene seguro y las medicinas le salen muy caras, como a uno. Cree que le pagan menos de lo justo. Como a uno.
El enemigo no está ahí. No es la gente que, al cobrar, comete errores. No es el que contesta grosero porque su tristeza no le permite hablar en tono amable. No es el que odia su trabajo. No es el que todos los días despierta pensando: Mi vida es una porquería.
A esto orillan la pobreza, la frustración y la injusticia. Ellos no tienen la culpa, están igual o peor que uno. La muchacha que vi descargó su ira, ¿y luego qué? Respiró hondo, cenó rico, lo contó, lo olvidó. Tal vez incomodó a sus amigos. O no. Tal vez ellos, orgullosos, le aplaudieron. ¿De verdad lo que necesita este país es un buen servicio de meseros? ¿De verdad todos viviríamos mejores vidas si los empleados fueran más atentos? Los precios seguirían subiendo, las garantías individuales se seguirían violando, los viejos seguirían empacando latas en los súpers.
Canalicemos esa ira hacia un objetivo más certero: Hacia el presidente que se robó la elección. Hacia el procurador general de la república que justificó las muertes de Juárez. Hacia las diputadas que renuncian para darle la curul a su padrote... digo, a su suplente. Hacia los fanáticos que prohibieron el derecho a decidir si quieres o no parir un hijo de tu violador. Hacia el gobernador que se anuncia en programas de variedades. Hacia el periodista que asegura que nuestro valiente presidente va ganándole la guerra al narco. Hacia el empresario que pagó 134 pesos de impuestos el año pasado. Hacia la grotesca cara de la líder sindical que sólo sabe cobrar cuotas y no leer en voz alta. Hacia el expresidente que se burla de ti y de mí, y de millones, dando cursos de economía y finanzas, después de dejar al país más quebrado y adolorido que nunca.
Ésa es la gente hacia la que debemos dirigir nuestro odio. No al mundo trabajador, no a quien es presa de la misma injusticia social que uno. Indignémonos por cosas que valgan la pena, digo yo. En otras circunstancias, podría ser tu cara, o la mía, a la que alguien le dijera: "Pinche incompetente, por eso no sales de pobre".
Yo les propongo, amigos, que canalicemos nuestra ira hacia un mejor objetivo. Los meseros no tienen la culpa del enojo con el que todos vivimos. Están de malas, igual que uno. Se sienten frustrados ante la falta de oportunidades, como uno. Los microbuseros son groseros porque tienen que pagar cuotas absurdas; hay alguien detrás de ellos pasándoles lista y arruinándoles el día. Tienen hijos que no aprenden a leer porque están mal alimentados. Los taxistas se enojan cuando uno quiere pagar con un billete de 200 porque detenerse a cambiarlo es una pérdida de tiempo. Y, para ellos, el tiempo es dinero. Como para uno. Las secretarias no te miran a los ojos, ni te ofrecen la información de buena gana, porque su mente está en otro lado: en la amante que su marido se consiguió, en que no podrán divorciarse porque no tienen para pagar un abogado y en que todo les parece muy caro. Como a uno. La señora que da codazos en el metro tiene miedo de quedarse en el vagón sin poder salir. Teme llegar tarde a recoger a su nieto. Si se le pasa la hora, él lo esperará sentado en la banqueta, ¿y si alguien lo molesta?, ¿y si alguien le roba los 10 pesos que llevó para el lunch? A sus papás les cuesta mucho trabajo ganar el dinero. Como a uno. El cajero comete un error al cobrar porque está aprendiendo a usar la máquina. No sabe de cuentas, él estudió filosofía. No consiguió el trabajo que habría deseado. Como uno. El valet parking, desesperado, roba 3 pesos del tablero del coche que estacionó. Se disculpa con la virgen porque sabe que, dado ese paso, no hay remedio. Es que nunca terminará de pagar la deuda que contrajo por comprarse una tele. El vendedor de Elektra le dijo que era una ganga: le estaba mintiendo. Estaba cazando los centavos que le dan de comisión. Concretó y se puso feliz por ello. La sonrisa le duró veinte minutos, hasta que vio que llovía y que tendría que tomar taxi. No puede enfermarse porque no tiene seguro y las medicinas le salen muy caras, como a uno. Cree que le pagan menos de lo justo. Como a uno.
El enemigo no está ahí. No es la gente que, al cobrar, comete errores. No es el que contesta grosero porque su tristeza no le permite hablar en tono amable. No es el que odia su trabajo. No es el que todos los días despierta pensando: Mi vida es una porquería.
A esto orillan la pobreza, la frustración y la injusticia. Ellos no tienen la culpa, están igual o peor que uno. La muchacha que vi descargó su ira, ¿y luego qué? Respiró hondo, cenó rico, lo contó, lo olvidó. Tal vez incomodó a sus amigos. O no. Tal vez ellos, orgullosos, le aplaudieron. ¿De verdad lo que necesita este país es un buen servicio de meseros? ¿De verdad todos viviríamos mejores vidas si los empleados fueran más atentos? Los precios seguirían subiendo, las garantías individuales se seguirían violando, los viejos seguirían empacando latas en los súpers.
Canalicemos esa ira hacia un objetivo más certero: Hacia el presidente que se robó la elección. Hacia el procurador general de la república que justificó las muertes de Juárez. Hacia las diputadas que renuncian para darle la curul a su padrote... digo, a su suplente. Hacia los fanáticos que prohibieron el derecho a decidir si quieres o no parir un hijo de tu violador. Hacia el gobernador que se anuncia en programas de variedades. Hacia el periodista que asegura que nuestro valiente presidente va ganándole la guerra al narco. Hacia el empresario que pagó 134 pesos de impuestos el año pasado. Hacia la grotesca cara de la líder sindical que sólo sabe cobrar cuotas y no leer en voz alta. Hacia el expresidente que se burla de ti y de mí, y de millones, dando cursos de economía y finanzas, después de dejar al país más quebrado y adolorido que nunca.
Ésa es la gente hacia la que debemos dirigir nuestro odio. No al mundo trabajador, no a quien es presa de la misma injusticia social que uno. Indignémonos por cosas que valgan la pena, digo yo. En otras circunstancias, podría ser tu cara, o la mía, a la que alguien le dijera: "Pinche incompetente, por eso no sales de pobre".
Vergonzosa ratificación
Este blog se opone a la ratificación de arturo chávez chávez (así, con minúsculas) como procurador de justicia.
Y ya, sin comentarios.
Y ya, sin comentarios.
lunes, septiembre 21
Una conversación
Un señor y un muchacho, platicando, se ponían al tanto. Mientras el metro andaba, el señor le explicaba cómo iban sus ventas:
—Más o menos. Fíjate que ya que se hace la venta, pues reparten. Sólo si se hace al contado. Si usaron crédito, pues no, el único que gana es el banco. Ya de la repartición, de todos modos, a mí me viene tocando una bicoca.
—¿Neta? ¡Qué chido! —le contestó, sonriente, el muchacho, al tiempo que le daba una palmadita en la espalda—. Te felicito.
El señor se quedó atónito, mientras su acompañante miraba por la ventana hacia el andén de la estación Coyoacán. Después de dos minutos, se volteó a verlo y le preguntó:
—¿Qué tiene de chido?
—¡Yo decía! —se defendió el sonriente, que no entendía cuál había sido la ofensa—. Trece pesos por una venta de, ¿cuánto?, ¿cien, doscientos pesos? A mí me parece bien.
—¿De dónde sacas que me dan trece pesos? ¡A duras penas me dan dos, a lo mucho tres!
El muchacho tenía para entonces una cara de terrible confusión, igual que el señor, y que nosotros. La situación se aclaró para todos, y finalmente también para él, cuando soltó la siguiente pregunta:
—¿Pues no dices que por cada venta te dan una Big Cola?
—Más o menos. Fíjate que ya que se hace la venta, pues reparten. Sólo si se hace al contado. Si usaron crédito, pues no, el único que gana es el banco. Ya de la repartición, de todos modos, a mí me viene tocando una bicoca.
—¿Neta? ¡Qué chido! —le contestó, sonriente, el muchacho, al tiempo que le daba una palmadita en la espalda—. Te felicito.
El señor se quedó atónito, mientras su acompañante miraba por la ventana hacia el andén de la estación Coyoacán. Después de dos minutos, se volteó a verlo y le preguntó:
—¿Qué tiene de chido?
—¡Yo decía! —se defendió el sonriente, que no entendía cuál había sido la ofensa—. Trece pesos por una venta de, ¿cuánto?, ¿cien, doscientos pesos? A mí me parece bien.
—¿De dónde sacas que me dan trece pesos? ¡A duras penas me dan dos, a lo mucho tres!
El muchacho tenía para entonces una cara de terrible confusión, igual que el señor, y que nosotros. La situación se aclaró para todos, y finalmente también para él, cuando soltó la siguiente pregunta:
—¿Pues no dices que por cada venta te dan una Big Cola?
viernes, septiembre 18
Inmediata solidaridad
Qué curioso es el fenómeno de la solidaridad inmediata. Uno tiende a ir en el taxi que no tuvo la culpa del choque. Uno apoya a un equipo al que no le va, y contra el que ha apostado, si es mexicano y está en un torneo internacional. Uno saluda y abraza a cuanto mexicano se encuentra en Europa, sin importar procedencia y motivos de viaje. Se le da más propina al mesero que trae una pulsera que revela que votará por el mismo candidato que uno.
¿No les pasa? A mí sí, todo el tiempo. Empatía, que le dicen.
Un paleontólogo tal vez me diría que la solidaridad es un remanente de las alianzas que tuvimos que establecer hace miles de años y que colaboraron con el proceso de hominización. Un romántico chauvinista quizás creería que es algo muy particular del caracter mexicano. La idealista que vive en mí cree que la empatía por el semejante es lo que nos mantiene humanos: Identificarse con un otro extraño es volverlo conocido, saberse acompañado en el mundo. A lo mejor es un poco de todo: tan remanente como romántico como ideal. O simplemente no es. Tal vez sólo me pasa a mí. Por eso pregunto de nuevo: ¿No les pasa?
¿No les pasa? A mí sí, todo el tiempo. Empatía, que le dicen.
Un paleontólogo tal vez me diría que la solidaridad es un remanente de las alianzas que tuvimos que establecer hace miles de años y que colaboraron con el proceso de hominización. Un romántico chauvinista quizás creería que es algo muy particular del caracter mexicano. La idealista que vive en mí cree que la empatía por el semejante es lo que nos mantiene humanos: Identificarse con un otro extraño es volverlo conocido, saberse acompañado en el mundo. A lo mejor es un poco de todo: tan remanente como romántico como ideal. O simplemente no es. Tal vez sólo me pasa a mí. Por eso pregunto de nuevo: ¿No les pasa?
martes, septiembre 15
Mantelitos
I'll follow the sun.
All you need is love.
It's getting better all the time.
I'll try not to sing out of key.
Jai guru deva om
Come together.
Good day sunshine.
Above us only sky (JL).
Give peace a chance (JL).
All you need is love.
It's getting better all the time.
Jai guru deva om
Come together.
Good day sunshine.
Above us only sky (JL).
Give peace a chance (JL).
lunes, septiembre 14
Silvio hoy
Mi top de cinco momentos favoritos del concierto de hoy.
1. Después de haberlo visto tres veces entrar y salir de distintos escenarios sin complacerme, había perdido la esperanza de que algún día lo hiciera. Pero hoy gané. Hoy, al fin, los 20 años que llevo siendo fiel fan dieron frutos: cantó esta canción, la del elegido.
2. La primera estrofa de La canción de la trova dice:
1. Después de haberlo visto tres veces entrar y salir de distintos escenarios sin complacerme, había perdido la esperanza de que algún día lo hiciera. Pero hoy gané. Hoy, al fin, los 20 años que llevo siendo fiel fan dieron frutos: cantó esta canción, la del elegido.
2. La primera estrofa de La canción de la trova dice:
Aunque las cosas cambien de color
no importa, pasa el tiempo.
Las cosas suelen transformarse siempre al caminar.
no importa, pasa el tiempo.
Las cosas suelen transformarse siempre al caminar.
Ésta es una canción de 1966. Él, su obra y su camino son el mejor ejemplo de lo que dice. Las cosas cambian de color: este video es en blanco y negro. Pero hoy, cantando, demostró que se sigue conversando con el mar. Y, aunque él está 43 años más viejo, la guitarra es la guitarra sin envejecer.
3. Roberto Fernández Retamar leyendo Aniversario.
4. La gente aplaudió durante 10 minutos, obligando a Silvio a salir cinco veces al escenario.
5. Roberto Fernández Retamar leyendo A mi amada.
viernes, septiembre 11
Silvio
Hay un juego que consiste en hacer una pregunta en voz alta, abrir un libro seleccionado azarosamente y luego dejar caer el dedo índice sobre él. El renglón marcado es la respuesta a la pregunta hecha. Ejemplo: ¿Viene ya el estallido social? Respuesta, del libro La más bella historia del mundo, página 43, octavo renglón: Lo que no era completamente estúpido.
Me gusta Silvio Rodríguez por cientos de razones que no vienen al caso en este post. Una de ellas, la belleza de su poesía, tiene que ver con el juego del libro oráculo. Creo que si alguien se dedicara a reunir la obra de Silvio en un libro -y tendría éste que ser bastante grueso- podríamos pasar las horas jugando a seleccionar versos aleatoriamente, reflexionando sobre ellos. Y sonriendo. Y llorando. Y luchando.
Creo que cada frase de cada canción de Silvio es, por sí sola, arrancada de su contexto o dentro de él, hermosa. Los versos de combate bien podrían ser emblemas revolucionarios. Los de amor podrían ser impresos en tarjetas Hallmark. Etcétera.
Dejo aquí algunas de mis favoritas:
Que tiemble la injusticia cuando lloran
los que no tienen nada que perder.
Yo vivo de preguntar,
saber no puede ser lujo.
A veces defender a un compañero
de la calumnia, es más que ir a la guerra.
Me gusta Silvio Rodríguez por cientos de razones que no vienen al caso en este post. Una de ellas, la belleza de su poesía, tiene que ver con el juego del libro oráculo. Creo que si alguien se dedicara a reunir la obra de Silvio en un libro -y tendría éste que ser bastante grueso- podríamos pasar las horas jugando a seleccionar versos aleatoriamente, reflexionando sobre ellos. Y sonriendo. Y llorando. Y luchando.
Creo que cada frase de cada canción de Silvio es, por sí sola, arrancada de su contexto o dentro de él, hermosa. Los versos de combate bien podrían ser emblemas revolucionarios. Los de amor podrían ser impresos en tarjetas Hallmark. Etcétera.
Dejo aquí algunas de mis favoritas:
Me estremecieron mujeres
que la historia anotó entre laureles.
Y otras desconocidas, gigantes,
que no hay libro que las aguante.
Los hombres sin historia son la historia.
Grano a grano se forman largas playas.
Grano a grano se forman largas playas.
Algo debiera embrujar los misiles,
alguien debiera hacer estallar
el hongo de los derechos civiles
de los fantasmas que pueblan Bagdad.
alguien debiera hacer estallar
el hongo de los derechos civiles
de los fantasmas que pueblan Bagdad.
Amo a una mujer clara
que amo y me ama
sin pedir nada
—o casi nada,
que no es lo mismo
pero es igual—.
Haciendo crítica social
me perfumé de valiente,
creyeron que era disidente
y no era más que natural.
Esto no es una elegía
ni es un romance, ni un verso:
más bien una acción de gracias,
por darle a mis ansias
razón para un beso.
más bien una acción de gracias,
por darle a mis ansias
razón para un beso.
Que tiemble la injusticia cuando lloran
los que no tienen nada que perder.
Siempre que un hombre le pega a otro hombre
no es al cuerpo al que le quiere dar:
en ese puño va el odio a una idea
que lo agrede, que lo hace cambiar.
La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.
Dicen que es duro el oficio de flor
cuando sus pétalos se ajan al sol.
cuando sus pétalos se ajan al sol.
Yo vivo de preguntar,
saber no puede ser lujo.
Los años son, pues, mi mordaza, oh mujer.
Sé demasiado, me convierto en mi saber.
Sé demasiado, me convierto en mi saber.
La rabia es mi vocación.
En la latitud del ojo
lleva el mando la sorpresa,
maravilla del asombro
cuando llega la belleza.
lleva el mando la sorpresa,
maravilla del asombro
cuando llega la belleza.
A veces defender a un compañero
de la calumnia, es más que ir a la guerra.
Con un poco de amor, tanto me enriquecí,
que gastaba y siempre quedaba
mi poco de amor.
lunes, septiembre 7
Árbol Pequeño o Joshua

Cuando los de Servicios Sociales descubren que Árbol Pequeño no va a la escuela, le quitan a sus abuelos su custodia y mandan al pequeño cherokee a un orfanato. Lo primero que le dice el gordo director, al recibirlo, es: Little Tree is not a real name. Americans don't name their children after objects. Acto seguido, lo obliga a llamarse Joshua, para luego terminar con un insolente: Do you understand, Joshua?
En realidad, el burócrata, presa de su ignorancia, le estaba diciendo una mentira. Nombres como Crystal, Amber, Daisy, Rose, Violet y Pearl son, de hecho, objetos. Otros resultan menos comunes, por lo que recurrí al libro The Hidden Truth About Your Name para encontrar su raíz y significado. A grandes rasgos, les diré que nombres como: Brenda, Byron, Cody, Douglas, Dylan, Keith, Kelsey, Larry, Melinda y Steven provienen tanto del inglés antiguo como del celta, escocés y griego. Significan: "espada", "establo", "almohada", "agua negra", "mar", "madera", "barco", "laurel", "miel" y "corona", respectivamente.
El director le dijo mentiras a Árbol Pequeño. La incomprensión puede llevar a actos insultantes y violentos como éste. Qué bueno que Árbol Pequeño se convirtió en el protagonista de un libro que después se hizo película. Qué bueno que la aparición del director del orfanato, en ella, se limita a escasos dos minutos.
Más sobre Árbol Pequeño, aquí.
En realidad, el burócrata, presa de su ignorancia, le estaba diciendo una mentira. Nombres como Crystal, Amber, Daisy, Rose, Violet y Pearl son, de hecho, objetos. Otros resultan menos comunes, por lo que recurrí al libro The Hidden Truth About Your Name para encontrar su raíz y significado. A grandes rasgos, les diré que nombres como: Brenda, Byron, Cody, Douglas, Dylan, Keith, Kelsey, Larry, Melinda y Steven provienen tanto del inglés antiguo como del celta, escocés y griego. Significan: "espada", "establo", "almohada", "agua negra", "mar", "madera", "barco", "laurel", "miel" y "corona", respectivamente.
El director le dijo mentiras a Árbol Pequeño. La incomprensión puede llevar a actos insultantes y violentos como éste. Qué bueno que Árbol Pequeño se convirtió en el protagonista de un libro que después se hizo película. Qué bueno que la aparición del director del orfanato, en ella, se limita a escasos dos minutos.
Más sobre Árbol Pequeño, aquí.
miércoles, septiembre 2
Metro Universidad
lunes, agosto 31
Coincidencias
Mis días transcurren como una interminable sucesión de coincidencias. Me hacen sonreír, aunque son tan cotidianas, y tan evidentes, que ya no deberían sorprenderme. Pienso en una canción e inmediatamente después la escucho en el radio. Abro un libro y el señor de enfrente viene leyendo el mismo. Pienso en mi abuela dos minutos antes de que me llame. Mi celular vibra porque está recibiendo un mensaje de la misma persona a la que le estoy escribiendo.
Pero conozco otro tipo de casualidades: las que no olvido nunca. Las que repito como anécdotas curiosas cuando intento explicarle a alguien por qué digo que mi vida es una especie de Truman Show.
Cuando quise visitar la tumba de Borges me puse muy triste porque resultó que no estaba en Buenos Aires, adonde yo había ido a buscarla. Pero podía visitar la de Bioy, lo que me pareció aún mejor. Me paré frente al mausoleo de los Casares.
Miré a mi alrededor por pura curiosidad extranjera y leí los nombres las placas contiguas. Una, en especial, llamó mi atención: una tumba vecina, casi inquilina, de la de Bioy. ¿Cómo creen que se apellida el cadáver que contiene?
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